28 agosto 2009
Casi el 30 por ciento de los padres cambiaría de escuela a sus hijos
Por: Graciela Gioberchio
Pública o privada, laica o religiosa, jornada simple o doble turno. La educación de los hijos es una preocupación central de todo padre. Y hay muchos que no están conformes con el colegio al que asisten sus chicos. Si tuvieran la oportunidad de hacerlo, cerca del 30% de los padres los cambiaría de escuela, de acuerdo con los recientes datos del Barómetro de la Deuda Social de la Infancia de la Universidad Católica Argentina (UCA). El informe estudió a 4.527 chicos de 2.211 hogares en 10 grandes ciudades (más de 200.000 habitantes) de todo el país. E indica que, si pudiera, el 27,5% de los padres (de todas las clases sociales) cambiaría a su hijo de escuela. Es un porcentaje promedio que reúne a chicos que cursan los tres niveles de la educación básica: inicial, primaria y secundaria. "Es el 25,5% en el caso de los jardines de infantes; 29% de los que van a la primaria y 28% de los adolescentes del nivel medio", precisa a Clarín la socióloga Ianina Tuñón, coordinadora del estudio. ¿Por qué? Los paros docentes y la violencia escolar son las principales razones.Los especialistas en educación relacionan esta problemática con la escasa oferta estatal y la desigualdad socio-económica que provoca que muchos padres no tengan la opción de elegir el colegio al que les gustaría mandar a sus hijos. "La falta de vacantes, la lejanía de la escuela y las limitaciones a la hora de pagar una cuota en una privada, terminan obligando a los papás a anotarlos en el colegio que pueden pero no en el que quieren", destaca Silvina Gvirtz, profesora de la Universidad de San Andrés y directora del proyecto Escuelas del Bicentenario. "Es cierto que, según este trabajo, hay un 70% de papás que están conformes y esto hay que destacarlo, pero los otros seguramente tienen razón para no sentirse conformes. La pregunta es: dónde se quejan, quién los escucha. No hay canales para que la sociedad se comunique con el Estado", reclama.La cantidad de padres disconformes sube si se trata de escuelas públicas: 33% en los jardines y primarias y 32% en las secundarias. Y también se registra más en el Gran Buenos Aires que en otras ciudades del interior: en las primarias, por ejemplo, es el 31,5% contra el 24% del interior urbano. "Hay un discurso instalado de que la escuela privada es mejor y no necesariamente es así", advierte Inés Dussel, doctora en Educación e investigadora de FLACSO. "No sabemos -agrega- si los chicos aprenden más en las privadas porque no tienen paros". El deseo de cambiar a los hijos de colegio también aumenta a medida que disminuye la condición socioeconómica. Así, el 51,3% del 10% de la población más pobre cambiaría a su hijo de primaria, mientras que el porcentaje baja al 11% en el 10% más rico. ¿Cuáles son las razones de la disconformidad de los padres? Según el informe de la UCA, a la cabeza se ubica el ausentismo docente y los paros (reúne el 40% de las quejas); le siguen la indisciplina y la violencia escolar (33% y 27,5%, respectivamente); la falta de autoridad y normas (23%); la baja exigencia y evaluación (22%) y la falta de preparación de los docentes (20%). En menor medida, también influyen la falta de insumos y materiales para trabajar (9,6%), el estado de los edificios (6,7%) y el maltrato de los docentes a los alumnos (4,5%). Tuñón sostiene que la problemática está muy ligada a la escasa oferta educativa del Estado. Por ejemplo, en los últimos años creció la cantidad de chicos en el nivel inicial, pero el Estado no tiene vacantes para todos. "En ese nivel, el Barómetro analizó la capacidad de los chicos de 5 años de poder 'escribir el propio nombre sin ayuda' como promueve la Ley de Educación. Detectamos que casi 2 de cada 10 chicos en la sala de 5 no puede hacerlo. Y las mayores dificultades las tienen los niños más pobres", describe Tuñón.
Nota publicada en el Diario Clarin, del martes 18 de agosto de 2009
24 junio 2009
La carrera es un medio, no un fin en si mismo
Bombero, veterinario, maestra, abogado, médica eran las respuestas que contestábamos cuando, de chicos, nos preguntaban “¿Qué querés hacer cuando crezcas?”. Imaginarnos de grande era divertido, y lejos de angustiarnos, nos alegraba. Ahora, ya cerca de terminar el secundario, escuchamos una y otra vez la misma pregunta: “Y vos, ¿ya sabés qué vas a hacer cuando termines el secundario?”. Aunque para algunos es una pregunta de respuesta obvia, muchos otros suelen quedarse en blanco o dar un listado tan largo de posibles carreras que elegir es ¡misión imposible! Encontrar la propia carrera no es fácil, pero de ningún modo imposible. Hace falta tomarse un tiempo para reflexionar y pensar sobre uno mismo y fantasear sobre su futuro. Poder atravesar la crisis y la angustia que despierta el fin de una etapa y la incertidumbre del comienzo de otra nueva, requiere contar con un espacio de confianza, de orientación y contención que permita a los adolescentes ir acercándose a su vocación. No hay fórmulas mágicas. Las respuestas van a ir surgiendo de uno, a partir de un trabajo de autoconocimiento, información, análisis y planificación. Si bien las familias influyen o estimulan ciertas decisiones, es importante que la elección se haga por convicción y gusto propio. En un momento donde la identidad se pone en juego, contar con el sostén familiar es de vital importancia. La comunicación entre padres e hijos, el intercambio de experiencias, charlar sobre los aciertos y errores de los padres, explicitar los miedos y expectativas de ambos, y sobre todo, que la familia apoye las decisiones, acertadas o no, de los hijos ayuda a quitar el dramatismo de una situación cargada de sentimientos encontrados. La consulta con un profesional puede también ayudar a elegir con más confianza. Sobre todo en los casos en que la elección de una carrera, implica el traslado a otra ciudad.
Es importante resaltar que la elección vocacional abarca los estudios de grado, pero también los excede. Es por eso que es importante pensar a largo plazo en lo que se quiere hacer, y entender que la carrera que uno estudie es un medio para lograr esos objetivos, y no un fin en sí mismo. Año a año se abren nuevas carreras, y nuevos mercados, informarse sobre estas opciones puede ayudar a aquellos que no se “veían” estudiando ninguna de las carreras tradicionales.
01 marzo 2009
A medida que nuestros/as hijos e hijas crecen, se plantea el tema de la escolaridad. Empezar el jardín de infantes trae muchos sentimientos encontrados, la alegría de verlo crecer, las ganas de que aprenda nuevas cosas, que se haga nuevos amigos, y también al mismo tiempo, el miedo de dejarlo al cuidado de otros, la angustia de separarse, la incertidumbre de no estar al lado de él. Más allá de estos, y otros sentimientos que pueda causar el comienzo de la educación formal, es conveniente saber que ir al colegio es, además de una obligación, una gran oportunidad para crecer, aprender, interactuar con otros niños, niñas y adultos.
Como padres y madres podemos ayudar a que la transición al jardín sea más suave y tranquila.
Si bien son muchos los factores que inciden en la disposición que la niña o niño tendrá hacia la escuela, uno de los más significativos es aquello que reciben de los padres y sus seres cercanos. ¿Qué historias escuchó sobre la escuela? ¿Cuál es la actitud de los padres o hermanos hacia la misma? ¿Qué comentarios se hacen sobre las cuestiones relacionadas con la educación? Frases como: "Cuando yo iba a la escuela la maestra nos gritaba todo el día", "En mi colegio, había unos chicos que te molestaban en el recreo" "Acá la educación es un desastre" "Uhh, ya empiezan las clases, ¡no sé cómo voy a hacer con estos horarios para llevarlos a los dos!" "Ojalá que te toque una buena maestra...", generan ansiedad, stress y miedos. La actitud hacia la escolaridad debe ser siempre positiva, transmitiéndole al niño/a mensajes de seguridad y confianza. Si, llegado el caso, surge alguna duda o problema con la institución, lo recomendable es no comentarlo delante de su hijo/a, sino pedir una entrevista con el docente o directivos.
Transmitirle a su hijo/a seguridad y alegría en relación al comienzo de las clases, lo ayudará a adaptarse más rápidamente y a disfrutar su días en la escuela.
Entonces, qué podemos hacer para facilitarle su escolaridad y se sienta seguro al entrar a la sala:
Brindar la oportunidad a tu niño/a para estar con otros adultos y otros niños, como abuelos, tíos, primos,etc.
Alentar su independencia, que se vista, coma y vaya al baño solo; que ordene sus juguetes o ayude, según su edad, en alguna tarea doméstica.
Saludar al irse, cuando dejes a tu hijo/a saludalo alegremente y decile en cuánto se volverán a ver.
Leer cuentos, realizar juegos similares a las que tu hijo/a hará cuando empiece el jardín. De esta forma irá aprendiendo ciertos modos-de-hacer en la escuela (como hablar por turnos, estar en ronda, etc)
Adaptar la rutina diaria a una parecida a la que realizará en el jardín, aprovechando la oportunidad para referirse a las posibles actividades que pronto estará haciendo en la sala.
Visitar el jardín, compartir una mañana o un almuerzo es muy beneficioso para que el niño se sienta más seguro.
Hablar y Escuchar. Contarle, siempre con una actitud positiva, las cosas que hará en la escuela, en la sala, en el recreo, al saludarse o despedirse; cuánto tiempo estará y quién irá a buscarlo. Escuche a su hijo/a, sus dudas, sus miedos, sus expectativas, y responda, de forma sencilla y directa.
Cuánto más sepan de las actividades que realizan en el jardín de infantes, de la forma de enseñar, de los horarios de la institución educativa, etc, antes de empezar, más fácil será ir preparando al niño/a para iniciar su escolaridad, ayudándolos a ser cada vez más independientes, a separarse de a poquito de los padres, brindándole seguridad y sostenimiento para aprender con alegría.
Según la edad es conveniente enseñarle al niño/a estas otras cuestiones:
Su nombre completo, el de sus padres, un teléfono de contacto (o escribirlo en el lado interno de su mochila). Reglas de seguridad, como, por ejemplo: no cruzar la calle solo, caminar por la vereda, rechazar regalos o invitaciones de extraños, hacerle caso a la maestra, el cuidado de sus cuerpos, hábitos de higiene, etc.
El primer día de clases de tu hijo o hija es un gran paso para toda la familia. Brindarle confianza y alegría, le dará la base afectiva que necesita para disfrutar esta nueva etapa llena de aprendizajes y nuevas experiencias.